“Don Jaime movió la cabeza, irónico e indulgente.
-La esgrima es como la comunión –amonestó con una sonrisa-. Hay que ir a ella en la debida disposición de cuerpo y alma. Contravenir esa ley suprema trae implícito el castigo.
-Diablo, maestro. Tengo que anotar eso.”Pérez-Reverte, Arturo. “El maestro de esgrima”. p.33
Categoría: libros
¿Qué libro, si no, podía estar leyendo Sawyer?
Confieso que me he enganchado a Perdidos (y eso que la tercera temporada no me acaba de convencer,), así que cuál fue mi sorpresa al ver que Sawyer leía a Ayn Rand y que más concretamente se estaba leyendo The Fountainhead (El Manantial) ese libro que a mi, me ha marcado de una manera especial, y del que ya hablé en otras ocasiones.
“El joven deseó no tener que morir. No si el mundo era así, pensó. no, si podía percibir el mensaje de esperanza y promesa en forma de hojas, troncos y rocas en lugar de palabras. Pero supo que opinaba eso de la Tierra porque no había visto una señal humana durante horas. Andaba en bicicleta por un olvidado sendero entre las colinas de Pensilvania, donde nunca antes había estado, donde podía sentir la fresca maravilla de un mundo virgen.
Era un hombre muy joven. Acababa de graduarse en la universidad esa primavera de 1935, y quería decidir si la vida era digna de ser vivida. No sabía que esa era la pregunta que tenía en su mente. No pensaba morir. Pensaba solamente en encontrar felicidad, razón y sentido en la vida, y eso nadie se lo había ofrecido en ninguna parte.
No le habían gustado las cosas que le habían enseñado en la universidad. Lo habían instruido acerca de la responsabilidad social, de una vida al servicio de los demás y del auto-sacrificio. Todo el mundo había dicho que aquello era hermoso e inspirador. Pero é no se había sentido inspirado. Él no había sentido absolutamente nada.
No podía precisar lo que él quería de la vida. (…)”
Rand, Ayn. “El Manantial”pag 493.
Arquitectura…
Siempre me encuentro con el problema de la incomprensión, como una barrera imposible de rebasar, tú te encuentras a un lado intentando explicar (a los demás y mí misma) qué es lo que vives, lo que sientes y por qué.
Eso que tanto me cuesta explicar y últimamente comprender tuve la suerte de leerlo en el libro “El Manantial” de Ayn Rand![]()
“– Eres insoportable cuando estás trabajando, Howard –le dijo Austen Heller una noche, aunque Roak no había hablado de su trabajo .
– ¿Por qué? –preguntó asombrado.
– Resulta incómodo estar en la misma sala contigo. La tensión es contagiosa, ¿sabes?
– ¿Qué tensión? Me siento completamente natural cuando trabajo.
– Esa es la cuestión: eres completamente natural cuando sólo te falta un centímetro para estallar. ¿De qué diablos estás hecho? Después de todo, sólo se trata de un edificio. No es una combinación del santo sacramento, una tortura india y éxtasis sexual.
– ¿No?”
Uno no puede entregar el mundo a quienes desprecia
“No me desalentaba muy a menudo, y cuando me sucedía, no duraba más que una noche. Pero una vez, mientras estaba escribiendo El manantial, sentí una indignación tan profunda por la declaración de “las cosas como son” que pareció como si nunca más fuera a recuperar la energía para dar un paso más hacia “las cosas como deberían ser”. Frank me habló durante horas esa noche. Me explicó por qué uno no puede entregar el mundo a quienes desprecia. Para cuando terminó mi desaliento había desaparecido; nunca volvió de manera tan intensa. “
Ayn Rand
Palabras a mi corazón …
…aprender a … aprender
Termino de leer Juan Salvador
Gaviota, y me deja un sabor dulce, es raro, me lo imaginaba de otra manera –es lo que tiene creer que Juan Salvador Gaviota, el protagonista era una persona y no una gaviota– os dejo con algunos fragmentos…
“Tenemos que rechazar todo lo que nos limite”
“Lo que necesitas es seguir encontrándote a ti mismo, un poco más cada día, a ese verdadero e ilimitado Pedro Gaviota. Él es tu instructor. Tienes que comprenderlo y ponerlo en práctica”
La imagen “El cartón pluma no sólo sirve para hacer maquetas”es de etringita.
Edito: Este libro se lo regalaron a mi hermana mis padres, quiero dedicarles esta entrada y que todo salga bien. Mucha suerte papá!
…nada es como lo ves…
Ayer pensaba durante la clase de proyectos que somos una generación muy distinta a la de nuestros profesores,
tenemos destrezas distintas y ni un sistema es tan perfecto ni el otro es tan malo…, pero nadie parece querer ver que nuestro cerebro es tremendamente manipulador y que hasta el más desarrollado sentido nos engaña…
Hoy leo…
«La cantidad de luz reflejada por una superficie blanca en invierno es menor que la reflejada por una superficie negra del mismo tamaño en verano, pero aun así seguimos viendo lo blanco como blanco y lo negro como negro«
«La experiencia de la arquitectura«. Steen Eiler Rasmussen
Imagen Escher
aprender…
Últimamente me siento como un niña pequeña, sin formar, que se encuentra desnuda en el mundo. Siento que poco de lo anterior vale, que toca caminar para adelante, aprender a caminar, con nuevos valores, nuevas sensaciones, que no siempre son fáciles, pues en eso estamos, en aprender. Así, pasito a pasito, cada día me va regalando su lección, las lecciones vienen de muchos sitios, a veces agobian, otras duelen, pero a la larga enseñan, y consiguen que mi alma vuelva a sonreír.
Cuando olvidas quien eres, qué quieres, hacia donde vas, todo es confuso y tus pasos te hacen tambalear…, pero ahora sabes que eres un lienzo en blanco…
Ahora mi trabajo, no es sólo arquitectónico, y lo que he aprendido es que eso no importa, estoy trabajando mucho, en algo muy importante y haber descubierto esto ha sido todo un regalo.
En la búsqueda voy atenta a cada miguita que algún Hansel y/o Gretel dejaron en medio del camino, pequeños tesoros que me van dando pistas para continuar mi camino…
El verdadero valor del anillo
-Vengo maestro porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: <<Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…>>. Y, haciendo una pausa, agregó: <<Si quisiseras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar>>.
–E… encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él, la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo -, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
–Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo.Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que re ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú erescomo ese anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Porque vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.»Jorge Bucay. Déjame que te cuente. «El verdadero valor del anillo». P. 33-36
fin de semana con ilusión…
Porque una parte de nosotros debe morir para renacer, y con los pequeños detalles vamos definiendo nuestro camino y nuestra felicidad…, así después de muchos años he conseguido que de nuevo, estas tres palabras vuelvan a tener sentido e ilusión, y sobre todo significado, pero este es especial porque será nuestro 🙂
Para entender de lo que hablo…
«Pero sabía que esto era sólo una disculpa. <<Vivo desistiendo de todo lo que comienzo>>, pensó, con cierta amargura. Quizá dentro de poco la vida comenzase a percibir esto, y parase de darle las oportunidades que siempre le había dado. O, quizá, desistiendo siempre del comienzo, agotase todos los caminos sin haber dado siquiera un solo paso.
Pero ella era así, y se sentía cada vez más débil, más incapaz de cambiar. hasta hace algunos años lamentaba sus actitudes, aún era capaz de algunos gestos de heroísmo; ahora se estaba acomodando a sus propios errores. Conocía a otras personas así, se acostumbraban a sus faltas, y en poco tiempo confundían sus faltas con virtudes. Entonces ya era demasiado tarde para cambiar de vida.»«Cuanto más entiendas de ti misma, más entenderás del mundo«
«-Quiero decirte una cosa -empezó-. , y guarda lo que sentiste como una dádiva de Dios. Si crees que no vas a conseguir aguantar un mundo donde vivir es más importante que entender, entonces, desiste de la magia.
>>La mejor manera de destruir el puente entre lo visible y lo invisible es intentando explicar las emociones.
Las emociones eran caballos salvajes, y Brida sabía que en ningún momento la razón conseguía dominarlas por completo.»«Siempre que se veía parada, contemplando alguna cosa, tenía la sensación de estar desperdiciando un tiempo precioso en su vida, dejando de hacer cosas y de encontrar personas; podía siempre aprovechar su tiempo de manera mucho mejor, pues todavía había mucho que aprender. Sin embargo, a medida que el sol se aproximaba al horizonte y que las nubes se iban llenando de rayos dorados y de color rosa, Brida tenía la sensación de que toda su lucha en la vida era para un día poderse sentar y contemplar una puesta de sol igual a aquélla.»
«Ella conseguí entender que ningún ser humano que pisó este planeta fue o es diferente a los otros. Pocas personas eran capaces de decir en voz alta que los grandes Maestros del pasado tuvieron las mismas cualidades y los mismos defectos que todos los hombres, y esto no disminuyó ni siquiera un poco su capacidad de buscar a Dios. Juzgarse peor que los otros era uno de los más violentos actos de orgullo que él conocía, porque era usar la manera más destructiva de ser diferente.»
«Porque cuando se enamoraba, era capaz de aprenderlo todo, y conocer cosas que ni
osaba pensar, porque el amor era la llave para la comprensión de todos los misterios«.
«>>Haz tu parte y no te preocupes por la de los otros. Puedes estar segura de que Dios también habla con ellos, y que ellos están tan empeñados como tú en descubrir el sentido de esta vida.»
Fragmentos de Brida. Paulo Coelho.
Feliz fin de semana!!
afilando mis herramientas
Después de un fin de semana tranquilo, afilando el hacha…, el lunes llega cargado de energía, quisiera dejar aquí un texto que alguien quiso transmitirme, este viernes me hice con él, se lo leí a Jorge y esbozamos una sonrisa pues el texto nos era demasiado familiar…, espero que nos haga reflexionar y nos lleve a soluciones…
El texto de Jorge Bucay, está extraído de su libro «Déjame que te cuente«:
«El Leñador tenaz:
-No sé que pasa, gordo. En la facultad no me va como a mí me gustaría.
-¿Qué quiere decir eso?
-Que mi rendimiento va bajando <<sin prisa pero sin pausa>>, desde que empezó el año. Mis calificaciones son siempre sietes y ochos, a veces algún nueve. Pero en los últimos exámenes no he podido pasar de un seis. No sé , no rindo, no me puedo concentrar, no tengo ganas.
-Bueno, Demián, también tienes que tener en cuenta que estamos a finales de año. Quizá necesites un descanso.
-Pienso tomarme un descanso, pero todavía faltan dos meses para fin de año, y antes de eso es imposible. No puedo parar para tomarme unas vacaciones.
-A veces me parece que la civilización ha conseguido volvernos locos a todos. Dormimos de doce a ocho, comemos de doce a una, cenamos de nueve a diez…. En realidad, nuestras actividades las decide el reloj, no nuestras ganas. A mí me parece que para algunas cosas es imprescindible cierto grado de orden, pero para otras es absolutamente incomprensible obedecer el orden preestablecido.
–Como quieras, pero yo ahora no puedo parar.
-Pero siguiendo, me dices que tu rendimiento disminuye.
-¡Debe haber otra forma!Había una vez un leñador que se presentó a trabajar
en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.
El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.
El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar.
En un solo día cortó dieciocho árboles.
-Te felicito- le dijo el capataz-. Sigue así.
Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.
A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.
A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.
-Debo estar cansado- pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.
Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.
Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.
Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.
El capataz le preguntó: <<¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?>>.
-¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.-¿De qué sirve, Demian, empezar con un enorme esfuerzo que pronto se volverá insuficiente? Cuando me esfuerzo, el tiempo de recuperación nunca es suficiente para optimizar mi rendimiento.
Descansar, cambiar de ocupación, hacer otras cosas, es muchas veces una manera de afilar nuestras herramientas. Seguir haciendo algo a la fuerza, en cambio, es un vano intento de reemplazar con voluntad la incapacidad de un individuo en un momento determinado.»
